Al negarnos a caer exhaustos
el uno sobre el otro,
por cuestiones de orgullo,
anegamos la epidermis
que nos drenaba al fin
y no pudimos reinventar “La piedad”.
Sin callarnos los tequieros
ahorraremos en notarias.
Sin obviar los perdones
sobrarán psicólogos.
Por copiarnos la sonrisa
aun no denuncia la SGAE.
(F.Gª.O.G.)
martes, 11 de mayo de 2010
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